La preocupación en los jóvenes

A todas las personas en algún momento de nuestras vidas, nos embarga un extraño sentimiento, que nos lleva a pensar repetidas veces en un mismo tema, originando un gran desconcierto y muchas veces un fuerte cuadro de estrés por algo que quizás nunca llegue a ocurrir.

La preocupación se puede definir como una anticipación de algún suceso que pensamos que en un futuro podrá ocurrir. Cuando se experimenta una preocupación es sobre algo que pensamos que de alguna manera nos logrará afectar en algún aspecto de nuestras vidas, es decir, tememos al futuro.  El adolescente se sugestiona creando su propio miedo, ante los cambios en su cuerpo, con sus amistades, con las exigencias de la familia y las propias.

La preocupación en la vida de los jóvenes, cuando no tienen un diálogo frecuente y  afectuoso con sus padres, puede resultar tan dañina que en muchas ocasiones pueden llegar a enfermarlos, debilitando el organismo. El miedo al futuro, a fracasar en sus objetivos, muchas veces con una baja autoestima, transforman negativamente la realidad, desestabilizando todas sus emociones e interfiriendo en su proceso de aprendizaje.

Es importante que el entorno del adolescente contemple con atención las actitudes de sus hijos, que la comunicación permanente sea un objetivo a lograr, mantener los mismos adultos un autocontrol emocional que les permita ser el respaldo que sus hijos necesitan. Enseñarles que siempre, es mejor enfrentase ante los diversos retos que se les presenten en el camino,  luchar por lo quieren, entender que sin esfuerzo, como lo es el estudio y el trabajo, no se llega a las metas que se propongan.

Muchas veces las soluciones dependen de uno mismo y el empeño que cada persona  ponga para  salir adelante puede preocuparles. Lo primero que podemos hacer es preguntarnos: ¿qué es lo peor que me puede pasar? al respondernos esta pregunta cualquier persona se sentirá capaz de asumir y afrontar cualquier situación por más dura y compleja que sea.

 

Estos son algunos consejos para contrarrestar el estrés que genera la preocupación:

  • Mantenernos siempre ocupados con alguna actividad productiva.

Darle la importancia adecuada a cada situación, saber darle un equilibrio a nuestras responsabilidades.

  • Cultivar una afición.
  • Hacer ejercicio físico.
  • Mantener una alimentación saludable.
  • Dormir bien, practicar el relajamiento.

 

 

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