En vez de exigir demasiado, apóyelos.

 

Cuando los niños se sienten apoyados y animados por los padres, comienzan a tener más energías y motivación para concentrarse mejor, para realizar sus deberes al cien por ciento, para lograr sus objetivos y ser los mejores en su escuela.

Por el contrario, si se les controla, si se les presiona o exige demasiado, ellos comenzarán a sentirse exhaustos, resentidos y con ganas de abandonar sus responsabilidades.

Sucede que cuando apoyamos a nuestros hijos, compartimos su carga y le ofrecemos la valentía suficiente para lograr nuevas cosas, sin embargo, cuando les exigimos más y más, nos convertimos en una carga más, desconfiamos de su capacidad, y debilitamos su seguridad.

¿Qué pueden hacer los padres?

– Muestre interés por las actividades que realiza su hijo, mírelo directamente y pregúntele cómo se siente, si está contento, si presenta alguna dificultad, etc.

– Bríndele toda la ayuda necesaria, sin hacer las cosas por él. Ayuda significa guiarlo y orientarlo, corregirlo cuando se equivoque y responderle a todas las dudas que tuviese.

– Escúchelo siempre, ya sea cuando le cuente sus problemas o cuando le cuente algún logro realizado.

– Muestre su confianza hacia él y hacia sus capacidades, ayúdelo a marcarse nuevas metas, en un tiempo y espacio determinado.

 
 
Centro de Soluciones Psicopedagógicas – Neuropedagógicas
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