¡Mi hijo no entiende lo que le dicen!

¿Alguna vez su hijo se desconectó en medio de alguna conversación?, ¿respondió inapropiadamente a una pregunta?, o aún peor, ¿dice que no entiende lo que conversan a su alrededor o lo que le enseñan en clases? Lamento informarle que probablemente el engreído de su hogar tiene un trastorno receptivo del lenguaje.

Para explicarlo en simples palabras, los trastornos receptivos del lenguaje se refieren a la incapacidad de una persona de comprender el significado de las palabras, así como también para obedecer instrucciones o seguir pensamientos. A diferencia de los trastornos expresivos, estos niños pueden hablar muy bien, pronunciar y combinar palabras en oraciones complejas, pero no consiguen entender ni analizar efectivamente el lenguaje.

Sobre las consecuencias, ¿imagina un mundo en el que no comprenda lo que escucha aunque se esfuerce por atender cada una de las palabras?

Como es evidente, esta dificultad genera serios problemas a nivel social y académico. “Un trastorno de lenguaje no solo complica las posibilidad de adquirir conocimientos sino que compromete, además, la comunicación, el desarrollo de habilidades sociales y el juego”, explicó el ministro de Salud provincial argentino, Alejandro Collia. El aislamiento, los problemas de conducta y de adaptación, son problemas que el infante debe enfrentar.

Las señales que lo podrían alertar sobre la presencia de este trastorno a menudo están relacionados con la incapacidad para seguir instrucciones, el desinterés en las conversaciones, y las constantes preguntas sobre el significado de lo que se le dice o está escrito.

Sobre el primer síntoma, suelen asentir a todas las órdenes, pero al momento de realizarlas se quedan a la mitad de las tareas. En la escuela, tienden a copiar lo que los demás hacen pues solo comprenden las obligaciones cuando son divididas en pasos pequeños. Las instrucciones habladas suelen ser más difíciles de seguir que las escritas por la velocidad de pronunciación.

Ante preguntas como “¿qué tal te está yendo?”, responden con afirmaciones que nada tienen que ver con la interrogante, como “estoy buscando mi pelota de fútbol” o aún peor, piden que le repitan la pregunta en innumerables ocasiones. No logran conectar palabras o ideas para seguir la ilación del significado.

Como padre, el que esté atento a todos estos indicios es determinante para descubrir la presencia del trastorno.

El pronóstico para los niños con trastornos receptivos del lenguaje depende en gran medida de la rapidez con que se inicia la terapia. Si su hijo no es tratado por un especialista, las consecuencias de la dificultad podrían traspasar la niñez y perjudicar su desempeño durante la vida adulta.

Por eso, lo recomendable es acudir a un centro de terapia de lenguaje, donde especialistas como logopedas ayuden a su hijo con ejercicios específicos para su trastorno. Además, la intervención de un psicoterapeuta también es recomendable, para disminuir la posible aparición de problemas emocionales, como depresión, estrés o baja autoestima.

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