Mamá, tengo miedo.

El miedo está presente en todo momento. Sin ello, no podríamos vivir. Es aquella sensación característica del ser humano, que instintivamente, nos mantiene alertas ante algún suceso que creemos nos puede hacer daño.

El miedo no tiene edad ni género, está presente en la vida de todas las personas, incluso el más valiente lo tiene. Pero aquellas personitas que lo transmiten más, son los niños y no saber instruirlos, puede acarrear graves consecuencias en su vida futura. ¿Cómo hacer que afronten sus miedos? ¿Cómo hacer que los controlen?

Los niños experimentan ciertos tipos de temores, algunos más sencillos que otros como: El primer día de clases, la oscuridad, el agua, fantasmas, soledad, a los extraños, hablar en público, perderse, entre otras. Son innumerables los miedos que pueden sentir, por eso es recomendable conocer sus orígenes y en base a ello, saber cómo controlarlo.

Una de las causas más comunes es la poca confianza. Cuando un niño no es seguro de sí mismo, tiende a crear nuevos miedos. Esto radica en la sobreprotección y la preocupación de los padres por algo que les pueda suceder. Por ejemplo: Si él desea tener una bicicleta, no le prohíba comprarle una, mucho menos le diga: “No mi amor, no quiero que te suceda algo malo”, lo que está pasando ahí es que el miedo de la madre está siendo codificado en el niño con un mensaje “Aún no tienes la capacidad de manejar una bicicleta” y genera que él se quede con esa inseguridad.

Sabemos que existen peligros por todas partes, y el miedo nos permite tener una precaución ante ellos. Lo importante es manejarlo con moderación, ni más ni menos. Volvemos al caso de la bicicleta, si la madre le hubiera dicho “Esta bien, te daré una pero anda con cuidado, yo te enseñaré”, le está dando la seguridad que él si puede montarla pero teniendo en cuenta los peligros que se puedan presentar, para ello la madre estará como guía.

Otra causa es la ciencia ficción. Con el avance de la tecnología, los efectos visuales en las películas, series animadas o videojuegos se vuelven más reales, tanto así que el niño no podrá diferenciar la realidad con lo imaginario. Por ejemplo: Si un niño ve una película de arañas gigantes que comen a las personas, puede que él se quede con esa idea y pensará que en cualquier momento vendrá ese personaje a lastimarlo. Entonces, hay que cuidar qué es lo ven nuestros hijos o qué es lo que juegan, manteniendo siempre un horario moderado y explicándole en todo momento que aquellas situaciones son irreales.

El miedo no es algo malo, porque es un mecanismo de defensa que nos permite ser precavidos. Se convierte en algo malo, cuando es culpable de nuestras limitaciones y no deja que realicemos nuestras actividades con normalidad.

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