Esfuerzo, no sacrificio

A lo largo de la historia, se ha creado una idea completamente errónea sobre la crianza de los hijos, una idea que se ha transformado en realidad en mucha gente, creer que tener y educar a un niño implica sacrificio de los padres.

Es cierto que se requiere un mayor esfuerzo, pero no dejar de hacer lo que hacía o postergar todo lo otro de sus vidas por “sacrificarse por ellos”.

Una buena paternidad requiere una debida atención, estar presente cuando más se les necesite y educar satisfactoriamente, pero no al punto de crear una relación de sacrificio para una mejor educación o rol de padres. El problema de esto es que esa idea que ha pasado de generación en generación ha tomado demasiada fuerza y  todos ven la crianza como una tarea que quita más de lo que ofrece.

Por eso se tiene que tener bien claro la gran diferencia entre esfuerzo y sacrificio. El esfuerzo, propio de las durezas de la vida, busca solucionar dificultades y está planteado en términos de una generosa donación de la propia energía; por ejemplo, en el tiempo dedicado al amamantamiento, la procura de medios para asegurar la subsistencia de la familia, el despertarse en la noche si es que necesitan algo, el levantarse temprano los domingos cuando los niños amanecen y visitan el cuarto de los padres, llevarlos al médico y algunas cosas más. Ya en caso que se presente un accidente, una emergencia o enfermedad de los hijos, ahí sí se requerirá un sacrificio de los padres, pero éstas sólo son situaciones excepcionales. Son muy diferentes a lo que venimos hablando, que es la actitud sacrificial.

A lo que se quiere llegar es que muchos padres, a la larga toman papel de “víctimas” de sus hijos. Al tener la actitud de mucho esfuerzo como algo frecuente, a futuro generan serios problemas en sus hijos, porque muchos padres esperarán una devolución de dicha acción, querrán que sus hijos hagan lo mismo ya que los considerarán deudores.

Por eso se pide a todos los padres, conocer realmente la diferencia entre ambos (esfuerzo y sacrificio), y darse cuenta que criar a un niño no es tan difícil, ni tedioso como lo reflejan, es un acto de permanente amor con límites apropiados. Es cuestión de organizarse y preocuparse por las necesidades de él, pero sin llegar a lo extremo de sacrificar todo por el hecho de ser padre o madre.

 

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